Mi milagro…

Bueno la verdad que lo que voy a plasmar aquí es lo que me motivó en principio a escribir este blog. Para mi escribir es como desahogarme… dejar plasmado mis sentimientos, pensamientos y emociones y de alguna manera liberarme de la carga emocional que traen consigo y que a veces atormenta mi alma…

Hace rato que quería escribir sobre todo lo que viví en este año pero justamente la enorme carga emocional que conlleva es lo que me impedía hacerlo sin perder la compostura. Esta es la historia de mi milagro…

Yo soy madre de dos niños, un niño de 9 y una niña de 7. En los embarazos de ellos jamas tuve problemas, y siempre soñé con tener 3 hijos, así que hace mas de un año buscábamos el 3ero. Pero no venia, y yo empece a pedirle a Dios que si era su voluntad me enviase otro hijo, pero le rogaba que fuera un embarazo y parto tranquilo y que no se comprometiera mi vida, pues mis niños me necesitan.

Varias veces me hice test caseros de embarazo y siempre daba negativo, hasta que un 17 de diciembre, mas que nada por rutina y sin muchas esperanzas, me hago uno y veo marcarse las tan esperadas dos rayitas. Muerta de la emoción llamo a mi marido que ya había ido a trabajar para contarle la noticia. Pronto toda la familia estaba enterada de que un nuevo integrante estaba en camino, los hermanitos que hace tiempo ya hablaban de él por su nombre y le guardaban un lugar en el auto estaban felices y preguntando cuanto tiempo debían esperar para que nazca o para que crezca mi panza. Todo iba bien, confirmado por analisis de sangre, el bebé estaba en camino y deberÍa nacer mas o menos el 10 de agosto.

De repente un caluroso domingo de enero descubro unas pequeñas manchas, por lo que desesperados acudimos al sanatorio, donde ecografía de urgencia mediante, me dicen que el bebé está bien pero yo debía guardar reposo absoluto por al menos tres semanas. En pleno caluroso verano me quedo esas tres semanas en lo de mamá para poder obtener un poco de ayuda con los niños.

Ya recuperada del reposo mi doctora me dice que a lo largo del embarazo será mejor que guarde un reposo relativo. Dentro de lo que podía iba siguiendo la vida normalmente, sin hacer muchos esfuerzos, cargar cosas pesadas, etc, etc. Ya allá por la semana 20 me dicen que tenía la placenta baja, pero que era pronto y aun podía subir. Oraciones de por medio nos pusimos a pedir que esa placenta se coloque en su sitio, mas alla por el 5to mes, en otro control, el Doctor me dice que no ha subido, es mas, se ha colocado sobre la cicatriz de la cesárea y era probable que se este “pegando” por ella… lo que era una complicacion muy peligrosa para la hora del parto, pues podía causarme una hemorragia.

Ya de allí salí aterrada!. Mi cerebro empezó a trabajar a dos mil por hora y las lágrimas empezaron a caer. Recuerdo que fuimos al Santuario a rezar, escuchamos misa, yo estaba muy nerviosa. Desde ese día ya no pude dormir. Cuando me acostaba venian a mi cabeza todos los miedos y pensamientos mas aterradores. Veía a mis pequeños dormir a mi lado y lloraba de solo pensar que todo podía salir mal.

La gente intenta tranquilizarte, “todo saldra bien, ya veras”, “vos sos fuerte, vas a ver que sale todo bien”, “no pienses en negativo, pensa que todo va a salir bien”… ¿Pero como pensas que todo va a salir bien cuando existe una posibilidad de que todo salga mal? … Es muy complicado cuando se trata de TU vida… Y ecografía tras ecografía, el diagnóstico se iba confirmando… desde temprano conté con el apoyo de mi doctora que intentaba tranquilizarme, ya tenía el equipo preparado, incluso para el peor de los panoramas, que sería si la placenta accreta (asi se llamaba mi posible diagnóstico) llegaba a complicarse mas e implicaba a otros organos como por ejemplo la vejiga. Había que estar preparados, orar mucho y tener donadores de sangre. El bebé por su parte crecía sano y fuerte, y no presentaba ningun problema, solo parecía que venía sentado…

Alla por el mes de mayo intensificamos las oraciones, novenas de Misas a María Auxiliadora en familia, los niños sin entender bien que pasaba, tambien ayudaban con sus oraciones… Pedimos oraciones a todos los amigos y conocidos, compartimos la historia con todos los allegados para contar con sus oraciones… Y mucha gente conocida como desconocida se puso a sumar su granito de arena.

A la semana 30, un viernes a las 11 de la noche, otra perdida!. Un gran susto, al sanatorio. Los niños asustados quedan en lo de mamá y yo sin saber que pasaría quedo internada por tres días, con unos medicamentos fuertes para controlar las contracciones. Horrible sensación de calor intenso, taquicardia y temblores eran los efectos secundarios de los medicamentos. No dejaban que me levante ni para ir al baño lo que me causaba una terrible mala onda. Cuando los médicos de guardia preguntaban algo o se enteraban que traía la placenta previa con riesgo de accretismo, cambiaban el rostro y me recordaban lo “seria y delicada” de mi situación.

Ya saliendo del hospital, estabilizadas las contracciones y parado el sangrado (que tampoco fue mucho), el reposo se convierte en “absoluto” y la idea es tratar de llegar lo mas lejos posible para que el niño no sea tan prematuro, en el mejor de los casos llegar a las 36 semanas. A las 32 semanas, gracias a Dios el gordo se da vueltas y se coloca, pero  ahora mi vida se reduce a “cama-baño”… los primeros días se hacen tranquilos, me la pasé durmiendo, pues traía tanto estres que aproveché. Algunos días de frío hasta me parecía genial poder quedarme en cama. Empecé a pedirle favores a todo el mundo, pues la vida de los niños debía continuar igual, había que llevarlos, traerlos, buscarlos, acompañarlos y mi marido no podia por su horario laboral, había que cocinar, limpiar, lavar… al fin de cuentas la vida no estaba de reposo!.

Ya pasando tres semanas de encierro me empieza la desesperación, estar tanto tiempo enclaustrada, no poder salir, no hacer nada, tener que solucionar problemas laborales o familiares por teléfono…, todo eso me generaba un inmenso malestar. Los días no me pasaban, las horas no corrían, los malestares e incomodidades empeoraban y mis salidas a la doctora o a los estudios eran mis únicos ratos de dispersión. Ya estaba arta de tener que pedir favores, me moría de verguenza de estar molestando tanto. Y cuanto mas tiempo me sobraba, mas ideas atormentaban mi cerebro. Aunque había logrado bastante paz y calma, había momentos en los que pensaba ¿Y si todo sale mal?…

Y mi peor pesadilla era la muerte… aunque a poca gente se lo comenté, es lo que atormentaba mis días y sobre todo mis noches. Me imaginaba todo lo que ello conllevaría… Imaginaba que si me pasaba algo y el bebe nacía sanito, mis hijos terminarían odiando a su hermanito por “haber causado la muerte de su mami”, y yo no quería que lo odien!!… Me ponía a pensar que ellos eran aun tan pequeños!!! y yo quería estar ahi para ver a mi hijo mayor recibir a su primera comunión en octubre, o a mi niña cumplir los quince… etc, etc, etc. Quizás así contándolo parezca patético o exagerado… pero les puedo asegurar que cuando hay una situación así y todos te dicen “cuidado con la hemorragia”, uno empieza a barajar las posibilidades. Y ¿que pasaría de ellos si yo no estaba? ¿quien se haría cargo de ellos si mi marido debe trabajar?… ¿con quien se criarían?, ¿como lo harían?… y empezaba el mar de llanto… yo paso el día con ellos, trato de llenarlos de valores y buenas experiencias, de hacerlos fuertes para la vida… quizás cometo mil errores, pero invierto mucho tiempo en ellos, y si yo no estaba…. se criarían como yuyitos… ¿que terminaría pasando de ellos?… la desesperación se apoderaba de mi si dejaba que esos pensamientos invadieran mi noche… Entonces, rezaba, leia, rezaba, veía tele, rezaba, hacia manualidades, rezaba… y lo que sea para mantenerme ocupada… y luego de mucha oración, fui logrando mucha paz…

Ya por la semana 35, la espera se hacía inaguantable, ya quería que nazca, estaba muy incómoda, muchas molestias, no podía respirar, la panza alta, dolores de espalda, alergias en la piel, etc etc… Y mi doctora me avisa que va a viajar y me debe dejar con otro doctor. Ya ni me afectó, tanta confianza tenía en ella y en su labor durante el parto y ahora debía confiar en un desconocido… pero ya tantas cosas había pasado, que me pareció mejor pensar que Dios quería que asi fuese y que ese Doctor sea quien sea, fuera el que me operase.

La cesárea paso para la semana 37 y al fin tenía fecha. 20 de julio!… dia del Divino Niño… en familia nos pusimos a rezarle una novena e incluso recibimos la visita de una hermosa imagen que se quedaría con nosotros hasta después del nacimiento…

Esa última semana, los miedos empiezan a fluir de nuevo. El jueves antes debía dejar a los niños en lo de mamá pues el viernes temprano debía internarme. Ya de solo pensar que debía dejarlos me ponía a llorar desconsolada… Ese jueves fuimos a misa y ahi obtuve la fuerza y entereza necesaria para dejarlos sin derramar lágrimas, prometiéndoles que al día siguiente, por la tarde irian a verme a mi y al bebé. Podia ver ansiedad y preocupación en sus ojitos.

Todo preparado, llegamos al sanatorio… salir de tu casa puede ser un momento muy difícil cuando uno no sabe si va a volver… Quizás siempre fuera asi, pero cuando es consciente, la cosa se vuelve dificil… La espera para llegar a la sala de cirugía se hace larga y llena de nervios. Tiemblan las piernas, se siente frío, ansiedad y miedo… Oración, mucha oración… Tenía tanto miedo de dejar solitos a mis niñitos… Y el bebé?… solo me preocupaba que no lo odien los hermanitos… pero pensaba que el no iba a sufrir tanto si yo no estaba, pues no me conocía y solo sabría de mi lo que los otros le contasen… Eran los mayores los que me preocupaban.

Cuando llego a sala de parto, asustada con todas esas maquinas que solo suelo ver por la tele en Grey`s Anatomy,  veo una imagen de la Virgen, lo único que atino a pensar en ese momento es “por favor no quiero morirme en esta mesa”… Y ya acostada en esa incomoda camilla sentía que no podía controlar mi cuerpo que temblaba como una hoja al viento mientras escuchaba que algunos médicos no llegaban pues no habian sido avisados, plenamente vulnerable, no me quedaba otra mas que esperar a ver que sucedía. Las efermeras y otros medicos que ya estaban preparados me decían, “tranquila que ya es el tercero, no podes estar asi de nerviosa”… El doctor estira un par de doctores de la otra sala de parto (ya que los que debían llegar no lo hicieron), y empieza la cirugía… La anestesia duele y mucho, no se porque, pues antes no la había ni sentido… Yo rezaba, mucho mucho para mantenerme consciente y alejar los miedos… pero los nervios me juegan malas pasadas y no me siento bien, mareos, nauseas y falta de aire me atormentaban, hasta que a los minutos sale el bebé, lo escucho llorar y por un minuto no existe nada de temor en mi mente, la alegría invade mi cuerpo y mi alma mientras veo al pediatra limpiar y atender a mi bebito. Me lo traen para que le de un besito en la frente y le doy el beso y la bendición, gracias a Dios mi bebé está sanito!!. Quería guardar ese minuto en mi memoria, al fin conocía a mi gordito hermoso y no sabía como saldría de allí… Mi marido me miraba y yo no podía sostener la mirada, el efecto de la anestesia me tenía muy atontada y solo sentí que colocaba en mi mano un escapulario de la Virgen de la Medalla Milagrosa… yo le había rezado mucho a Domingo Savio y esa era una imagen similar a la que él había dado a su madre cuando esta estaba a punto de morir en trabajo de parto y la había salvado… yo le había pedido a mi marido que intentara meter esa medalla… Y él lo hizo …

El pediatra se lleva a mi bebe y mi marido debe salir tras él… Empiezan las dos peores horas de mi vida… Un parto doloroso, yo sentía algunas molestias, aparte tenía mareos, nauseas, falta de aire, nervios, y el anestesista no debia dormirme, los doctores hablaban, repetían que sangraba mucho, que el aspersor (o como quieras que eso se llame) no aspiraba todo, las enfermeras corrían tratando de solucionar eso, y de pronto ya empiezan a hacerme la primera transfusión… Se preguntaban si extraerían el utero o no, y repetian, “un punto mas por aca, sigue sangrando”… y otro volumen mas de transfusión… Empiezo a sentir una terrible picazón que invade mi cara y no podía rascarme… En el medio entra de nuevo el pediatra para avisarme que mi bebe está hermoso, super sano y que tiene buen peso… Tras una sonrisa de tranquilidad, vuelvo a la interminable situación por la que estaba atravesando… Le preguntaba a cualquiera que asomara hacia mi cabeza ¿está todo bien? y ellos respondían “si, tranquila”… pero yo podía sentir la ansiedad y escuchaba a los que estaban tras la cortina muy acelerados y bastante nerviosos… En mis partos anteriores solían hablar de cualquier cosa durante la cesarea, aqui no había tiempo para hablar de nada, solo coser y tratar de que deje de sangrar… Por suerte mis signos vitales, presión y latidos seguian estables…

Cuando empiezan a coserme se acerca mi médico y me dice que fue difícil pero salvaron el útero… Escucho que se preguntan si me enviarán a terapia o a maternidad ¿terapia? … eso solo logra ponerme los pelos de punta… Pero por suerte deciden llevarme a maternidad… Quedo un rato en observacion, un rato que se me hace eterno e incómodo en esa camilla horrible…

Con una picazón cada vez mas intensa y una sensación de estar volando en el espacio me llevan a mi cuarto y en unos minutos mas me ponen al bebé encima para que mamara. Recuerdo que no sabía ni donde estaba, no podía hablar, y no encontraba mi seno para embocarlo en la boca del bebé… Mi mamá me ayudó con eso, mientras la picazón invadía todo mi cuerpo y yo me rompía la piel rascándome hasta sangrar y una amiga trataba de controlar mis manos para que no me hiciera tanto daño.

Ese viernes transcurrió con sin fin de incomodidades, controles a cada rato para verificar el volumen del sangrado, pero la pesadilla habia terminado. El bebé estaba hermoso y en mis brazos, pero yo no me sentía todavía nada bien… El sábado sentí los dolores mas horribles!, me sacaron la sonda y me hicieron levantar, pero los dolores no me dejaban ni moverme en la cama, nadie podia tocarme porque pegaba unos gritos… Y pensar que en mis otras cesáreas al día siguiente yo ya andaba paseando… Y el doctor viene y me comenta que por suerte el sangrado es normal sino me iria de nuevo a quirófano para quitarme el útero… Y yo entro en pánico de solo pensar volver a pasar por todo eso… Me largo en llanto y desesperación… Mis emociones estaban completamente desestabilizadas en la vorágine de situaciones que estaba viviendo… Por la anemia, me hacen otra transfusión.

Mal estar, sequedad en la boca, dolores, falta de aire, taquicardia eran algunas de las sensaciones que tuve entre el viernes, sabado y domingo… No dormía un sueño y entre medio dar de mamar al bebé cada tres horas… No podía tomar ni agua y se me había agotado toda la saliva, que sensación mas horrible!!! sentía que me moría pues no tenía aire…

El domingo amanezco mejor, con mas ganas. Ya mas en mi misma, miraba a mi bebé y no lo podía creer, no podía creer que todo esté sucediendo.. Mis hijos mayores como tormenta llegaban todos los días alborotados al sanatorio a verme y estar conmigo y yo mucha pila no tenía, pero me alegraba de verlos y poder abrazarlos… Miraba a mi bebe y pensaba ¡Gracias Dios por dejarme conocerlo, por tenerlo en mis brazos, por poder disrutarlo!, pensaba que antes yo sentía que el no sufriría tanto, pero Dios!!! como podría dejar a una cosita tan bella solito!!!, ¡interminables “gracias” por poder estar ahí y vivir para verlo y tenerlo en mis brazos”!… es tan hermoso!!!…

Y otra transfusión me esperaba el lunes, cuando yo pensé que ya iría a casa… Y eso logra de nuevo arrebatar lágrimas de mi tan maltratado sistema emocional… Yo ya me sentía bien, pero por lo visto los médicos no pensaban lo mismo… Y bueno, hasta el martes y luego al fin a casita.

Llegamos solos a casa, mi marido, el bebé y yo, luego buscaríamos a los niños que quedaron en lo de mamá pues había mucho que traer… Llegar a mi casa fue como algo surrealista… no lo podia creer… Y entramos… nos acercamos a nuestro pequeño santuario y con el bebé en brazos nos pusimos a rezar, pero pronto lo único que logramos fue llorar, los dos abrazados, como queriendo sacar en esas lágrimas toda la ansiedad y los miedos que atormentaron nuestras almas los últimos meses… mas la alegría de estar juntos y con el bebé sanito en brazos… Mi pobre marido había aguantado tanto, él debía mantenerse fuerte y siempre me daba su hombro para llorar, y en todo ese tiempo me había cuidado como si fuera una niña chiquita…

Y para mi los siguientes días fueron todavia una lucha por no llorar por cualquier motivo, por ver a mi niñito tan hermoso, por estar en mi casa, porque al fin pasó todo, porque mis miedos ya no eran más que recuerdos de una prueba que logramos superar…

Y es que es difícil cuando tantos miedos, ansiedades y pensamientos te atormentan por tanto tiempo…  y te mantienes tratando de lidiar con ellos, de mantenerlos a raya, de pensar que nada malo pasara… y luego todo pasa, el mañana que tanto esperabas se convierte en hoy, y luego mas que en hoy, ya es ayer… y todo pasó, y dentro de todo salió bien… las emociones deben encaminarse, regularizarse… calmarse… y eso es un trabajo de unos días, o quizas semanas…

Solo puedo decir que este es mi milagro, mi pequeño hijo que hoy está aquí a mi lado durmiendo mientras yo escribo todo esto y lo miro sonreir en sueños… A veces uno piensa que las pruebas son para los otros, o que nunca te pasará nada complicado, y luego te sucede… y lo único que puedo decir es que la palabra “gracias” no es suficiente, no es suficiente para agradecer por la vida, por mi vida, por la vida de mis hijos, por mi familia, por mi milagro, por los amigos que estuvieron allí, por la gente que donó su sangre para mi… A veces uno se siente solo o no sabe quienes son los que en realidad son tus amigos, y esta clase de situaciones te aclaran el panorama, hay gente que estuvo ahi todo el tiempo, tan genial… y hay gente que ni esperaba y de una forma u otra me tendieron una mano… Quizás yo no sepa expresar a esta gente el agradecimiento que tengo dentro,.. pero Dios lo sabe y se encargará de traducir este agradecimiento en bendiciones para esas personas y sus familias…

Y esta vuelta no hay ni depresión postparto, por que lo único que puedo hacer es despertar cada mañana dando gracias a Dios porque ya todo lo peor pasó, y tengo a mi marido y  la sonrisa de mis tres amores iluminando mi dia y mi vida y recordándome que soy bendecida…

Y una vez mas … gracias a mi Dios y a Maria  por dejarme ser parte de un milagro tan hermoso como es la vida…

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